
Murió Alfonsín, y todos lo sabían, menos yo que lo leí tarde esa noche. Creo que nadie que estuviera incluso en la facultad de Ciencias Sociales lo sabía. Yo leí el diario a la noche. No podía creerlo. Sabía que estaba mal, pero a veces pasa que algunas figuras parecen no morir nunca, o que siempre van a estar.
Listo, murió Alfonsín. Pero no. Al otro día paré, me bajé de la vorágine diaria y presté atención al malestar de los que incluso son recios y parecen inmutables. "Perdí un padre", "Estoy despidiendo a Alfonsín en el Congreso", "La casa está en orden pero falta alguien", y una discusión vía blog fueron algunas expresiones que ví de cerca.
Qué generaba esos sentimientos? La vuelta a la democracia? Que tuviera un padre? Qué significaba Alfonsín? En lugar de qué deseo estaba cuando asumía que podíamos comer, educarnos y curarnos?
Recuerdo que en el 83 yo tenía 7 años (festejé mi cumple 8 dias antes del 30 de Octubre). Fugazmente viene a mi cabeza una imagen de un militar hablando en la tele. Estaba él solo, contando algo. Lo que contaba era que se venían las elecciones. Y eso se convirtió en EL acontecimiento.
Mi familia matera era radical. Mi abuela Victoria era de las señoras que iba al comité, que tenía su boina radical, que se reunía, que apoyaba (sin embargo, mamá optó por el PJ porque le parecía "más del pueblo"). Me cansé de ver señoras de boina, conocer gente que comenzara a vincularse a la política.
Mi familia paterna era radical antiperonista y promilitar. Mi otra abuela (mi mami) jamás pisó un comité (creo que consideraba que eso era cosa de hombres), ni se puso boina, ni nada. Pero mi tío sí pisó el comité, y mi papá tuvo el orgullo de llevar en su jeep al entonces candidato a presidente Alfonsín cuando fue a mi ciudad. La sensación fue indescriptible. Era época de mucho furor, como un gran partido de fútbol ganado y celebrado.
Alfonsín era la figura que representaba esas emociones para aquellos que lucharon, que participaron, que empezaron a hacer. Era el motivo de salir a la calle, de reunión, de estar hasta altas horas, de festejar en la vereda. Nunca dejó de ser el símbolo esfinge del buen proceder y la corrección para aquellos radicales "auténticos", que son los que hoy sienten la falta de un padre, de un referente. Esas son las sensaciones que están inscriptas en el cuerpo y no se van, aunque los cuerpos ya no estén donde estaban, hayan ambiado de bando y de partido.
(Va un homenaje para vos Kato)


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