Finalmente hubo desempate. Qué situación mas dramática que un desempate... obligatorio, por qué no decirlo. Un desempate que recuerda a esos partidos en los que, igualadas las fuerzas, o los talentos o las gambetas, van al arco a patear penales. Entonces, todo el esfuerzo de los equipos para ganar en los 90 minutos, en los 30, quedan reducidos a dos manos. El merito pasa a dos manos, a una sola persona que sera Cristo o Judas, según los resultados. Ironias del juego.
En el fútbol hay equipos al igual que en la vida cotidiana. Una familia es un equipo (o debería serlo, no?), un grupo de amigos lo es, los compañeros de trabajo... Pero en la política hay amigos y enemigos, y estos van variando según las necesidades. Y la política no es un juego porque las vidas que dependen de la política no es un juego; por eso la política debería ser como un partido en el que ganen los dos equipos sin depender del arquero.
Es bueno y sano que cada jugador de lo mejor de si, para que el juego siga, pero no es bueno que en el equipo hayan pateadores en contra. Es bueno y sano que hayan diferencias que a pesar de su diferencia aporten a un mismo proyecto.
Hasta el próximo gol.
El regreso de febrero
Hace 5 días


1 comentario:
Buenisimo! Excelente
Andy
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