Juan me pasaría a buscar por la facultad ese viernes. Hacía mucho frío y comenzaba a pensar en por qué no mejor estar en casa. Después de todo, acaso la gente no está en sus casas una noche de frío?
Ese había sido un día de nostalgias amorosas. L fue una especie de obsesión, y aún me gustaba. Juan no tenía siquiera un amor imposible, él era una especie de “siempre-abandondado, usado y venía de una racha de desaciertos. Yo siempre fui “loser”, y no tenía mucha esperanza que mi suerte cambiara. Teníamos motivos para brindar y salir y…
Se hacían las 11p y Juan fue puntual. Quisimos seguir nuestra intención inicial de “hacer algo tranqui”. Las veces que decíamos eso, las noches eran más que agitadas, interminables, llenas de situaciones bizarras. Esta vez el plan era ir a cenar y luego ir a un recital reggae. Ni a Juan ni a mí nos gustaba mucho el reggae, pero yo tenía que encontrarme con E, una chica que había conocido virtualmente. Y en el bar donde cenaríamos podría ver a L, una chica que me había rechazado en un par de ocasiones, (pero qué importaba después de todo).
En nuestra caminata al bar nos cruzamos con un chico que identificó a Juan. Casualmente habíamos estado hablando de él aquél día como uno de los que lo había hecho sentir un poco abandonado. Pero en ese momento no se notó. El reencuentro fue feliz y P vino con nosotros al bar. Era la primera vez que lo veía pero tampoco parecía. Simpatizamos de inmediato.
Llegamos al bar y para nuestra desgracia, una pésima cantante se presentaba. Llegamos en el momento álgido del show. Nos acomodamos como pudimos en un sillón al lado de la barra, al lado de una silla que tenía ropa y una cartera de mujer. “De la cantante…”.
Enseguida ella salió, nos saludó, un poco rara... Supuse que estaría drogada, como la mayor parte del tiempo parece estarlo. Vino el mozo, una especie de Slash gay, que muy amable y rockeramente nos atendió lo mejor y más cool posible. Por fuera de la música horrenda y una performance de muertos, estábamos muy cómodos charlando de Freud, de ejercicios para bajar la panza, del casamiento de una vedette… Pero teníamos que irnos. Tal vez ese encuentro estaba avivando un fueguito que había empezado meses atrás, pero nada dura, ni el reencuentro… Sumado a eso, el mozo había estado pendiente de casi toda nuestra conversación, al punto que ya empecé a dudar si intentaba seducir a alguno de nosotros. Pedimos la cuenta, nos cobró, tomó la cartera y el abrigo de la silla de al lado nuestro y se fue. Reímos a carcajadas. La hermosa cartera y abrigo eran de él!! Cuando nos aprontábamos a salir, un hombre que estaba pintándose los ojos se sentó en la mesita ratona, y luego de que casi la tirara, nos preguntó si los ojos le habían quedado bien y dónde podía salir a bailar. También preguntó si podía salir con nosotros. De alguna manera elegante o tonta, pudimos eludir la situación. Además P y Juan simularon ser novios. Finalmente, we got rid of him. La noche aún no terminaba y luego de despedirnos de P. fuimos al recital.


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